
Una de las temporadas más libre y deliberadamente felices de los últimos tiempos.
Mi primer verano pasado enteramente en Buenos Aires, las calles vacías, el calor con pelopincho. La nueva casa, del todo nueva, y vacía. Cruzar el patio, tomar sol.
Humo, Turgueniev, leído en la mesa de la cocina, mirando las 7 inmensas plantas del jardin.
Beirut, Sean Lennon y Violent Femmes.
Los días de lluvia y de calor. Capilla del Señor.
Algo indescriptible en el aire. Baños de inmersión en la terraza, nuevo paisaje emocional. El pasaje.
El vecino Mauro, los sorpresivos mates matutinos, reveladores, hermosos. Pintarse las uñas de verde con García. Jero, el horno y las eternas charlas.
Clima de fiesta. Horizontes que se expanden. Efervescencia y novedad. Fuerza.
Mucha bicicleta y zambullida ágil refrescante. Que me leas cuentos por teléfono.
Desvelarse, y amanecer en la costanera de Quilmes, por que si, con Rosaura, Barbara Olesova y Pelegrino.
Sábados filmando gigantes recitales, al sol, ante el río, domingos de cálido despertar, caminar, rodar cuesta abajo.
Un sábado, llovía. Danza clásica en el anfiteatro de la costa. Llueve. Yo en el mangrullo, la cámara en la falda. El escenario enfrente, el cuerpo de baile ensayando, el cielo lloviendo, el piano repiqueteando, el río detrás.
Tigre. Descubrir. Del cante, de los remos, cosechar naranjas, inundarse.
La música desde la otra habitación se escucha mejor. Y yo digo que violent femmes suena bien por lo desfachatado.
Había algo en el saber que todos los días eran totalmente nuevos, no rutine, innovación básica.
El Capital. Rusia. Malva. La costa ecuatoriana. El mate todo el tiempo. Películas revelación. Siestas resguardo.
Que radiohead no nos dejará afuera. Rasguñar. Correr, saltar vallas, saltar nostalgias, medialunas sobre el pavimento. Mil lágrimas. La certeza.
En algún momento dejamos de vivir tan fuera del tiempo. Y llegó la gente, y llegaron algunas noticias de algunas cosas. Y alguna cuota de angustia otoñal. Encierro pre invernal. Intolerancia emplumando dudas. Cotidianeidad establecida. Se nubla más el cielo, la lluvia ya no alegra tanto, refresca demasiado. Y básicamente el regeaton y el frío polar no se llevan bien.
O será que todo era resultado de las sobredosis de off.
Hace dos días volvió un aire. Un aire de mirar el exterior y querer salir a correr corriendo de alegría.
La energía de cada mañana, la sonrisa al despertar, parecen decir que el mayo poco lúcido, el junio vulnerable y desorientado..y un julio suizo, no fueron en vano..
Lo que es seguro que esto solo pasa en países con cuatro estaciones.
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